Por Alejandro Villegas
El ciudadano presidente trata de justificar la extinción de fideicomisos con su argumento favorito, el combate a la corrupción. Se trata de depurar y evitar un mal uso de los recursos.
Y con ello, echa abajo el argumento de que los recursos comprometidos se utilizarán para el combate a la pandemia.
Evidentemente, el ciudadano presidente busca contar con el respaldo de respetable, para desde su administración evitar el uso discrecional de recursos desde la administración pública. Y, por supuesto, contar con un mayor número de recursos a su disposición.
Porque se quiera o no, el grueso de los recursos comprometidos en los fideicomisos es operado y administrado por dependencias y organismos públicos, y en el escenario de la extinción no se han establecido lineamientos o parámetros formales para su aplicación y entrega. No hay un compromiso más allá de los expresado de manera verbal.
Decir que los beneficiarios continuarán recibiendo los recursos, pero ahora de manera directa, por parte de dependencias de la administración pública, es poco claro.
Lo que el ciudadano presidente y su séquito no se atreven es a hablar con claridad y tratan de enredar la situación con argumentos redundantes, que al final dejan más dudas que certezas, porque a fin de cuentas no se explica el nivel de ahorro y eficacia en la aplicación del gasto público que se obtendría.
Corte
El ciudadano presidente buscó presionar y endosar a los magistrados del máximo tribunal la responsabilidad de que no se enjucie a los expresidentes.
Los instó a escuchar el clamor del pueblo bueno, un clamor que el ciudadano presidente y sus operadores políticos, fueron incapaces de captar en la recolección de firmas de apoyo para la consulta popular.
Y que el ala judicial de la presidencia fue incapaz de plasmar adecuadamente en términos jurídicos, para evitar las deficiencias que captó el ministro ponente en la solicitud entregada a la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
Es claro que el ciudadano presidente no acepta contraposición alguna, quien no se pliega a sus designios se convierte en su adversario y por lo tanto debe encuadrarse en el bando de los conservadores.
Sin embargo, deja de lado, la independencia de la que gozan los integrantes del máximo tribunal del país, a quienes trata de presionar en el plano verbal, aunque se niegue a aceptarlo de manera abierta.
A manera de consuelo y para terminar con el espectáculo que busca ofrecer para obtener dividendos en términos de imagen y aceptación social, el ciudadano presidente tiene a la mano la opción inmediata de presentar una denuncia formal ante las autoridades correspondientes para enjuiciar a los expresidentes por aquellos delitos en que pudieran haber incurrido.
Para que tanto brinco estando el suelo parejo, asevera una sentencia popular.

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