Cruz Azul perdió con Pumas, con sus fantasmas, con ese pasado que lo abate en momentos importantes y ataca el corazón de sus aficionados. Perdió como suele perder cuando juega el papel de favorito: sin alma, sin corazón, con rostros de incredulidad y de pánico escénico. La Máquina llegó a Ciudad Universitaria con ventaja de tres goles, una renta que pareció definitiva en la semifinal de ida ante los universitarios. Y que, sin embargo, fue una losa que cayó sobre sus hombros.

A las noches inverosímiles de Cruz Azul hay que sumarle ésta. Porque el único escenario posible para su eliminación era la hazaña de un equipo que nunca le había hecho cuatro tantos en una serie de liguilla. Pero ocurrió. Y eso ha sido la historia reciente de La Máquina: fracaso, derrota, una casa de brujas donde habitan fantasmas desde 1997, cuando ganó su última final de Liga ante el León.

Cruz Azul perdió con Pumas, con sus fantasmas, con ese pasado que lo abate en momentos importantes y ataca el corazón de sus aficionados. Perdió como suele perder cuando juega el papel de favorito: sin alma, sin corazón, con rostros de incredulidad y de pánico escénico. La Máquina llegó a Ciudad Universitaria con ventaja de tres goles, una renta que pareció definitiva en la semifinal de ida ante los universitarios. Y que, sin embargo, fue una losa que cayó sobre sus hombros.

A las noches inverosímiles de Cruz Azul hay que sumarle ésta. Porque el único escenario posible para su eliminación era la hazaña de un equipo que nunca le había hecho cuatro tantos en una serie de liguilla. Pero ocurrió. Y eso ha sido la historia reciente de La Máquina: fracaso, derrota, una casa de brujas donde habitan fantasmas desde 1997, cuando ganó su última final de Liga ante el León.

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