Por Alejandro Villegas
La imagen del ciudadano presidente se ve afectada por varios frentes, indirectos, que ponen en duda el compromiso de no mentir.
En esa frecuencia, destaca el caso del subsecretario de la SCT que no reportó los beneficios de un contrato que ganó legítimamente casi al término de la pasada administración.
Ello se traduce en una acción que cae en el ámbito de la Secretaría de Función Pública y que sin duda será sancionado.
Por otra parte, la reunión que sostuvo la ciudadana secretaria de Gobernación con lo que se denominó oficialmente como personas servidoras públicas de Chihuahua, y se trató de difundir como una suerte de solución al conflicto que en materia hídrica enfrenta esa entidad, lo que pone en evidente duda la realidad de lo acordado como una solución al diferendo por el agua.
En tercer lugar, y no menos importante la participación de México en todos los escenarios posibles para acceder a la vacuna contra el COVID-19, de la que dio cuenta el ciudadano canciller, que de ninguna forma puede traducirse en una solución inmediata, ni garantizada a la pandemia, al menos para el grueso de las y los mexicanos.
Lo anterior a partir del escenario, denunciado por autoridades sanitarias internacionales, en el que las naciones desarrolladas y obviamente con mayor capacidad económica hacen todo lo posible para acaparar la vacuna, dejando en clara desventaja a los países en vías de desarrollo.
Pero, por si ello fuera poco, el ciudadano presidente insiste en encuadrar a sus adversarios en la definición añosa de conservadores, en una acción que se antoja poco conveniente para el país, cuando hay tantos pendientes en los campos de la economía, salud y seguridad, que esperan solución.
El país de las maravillas y la cordialidad, que intenta proyectar el ciudadano presidente comienza a quedar atrás, para dar paso a la percepción de una realidad distinta de la que se intenta proyectar.
Manifestantes
La sentencia creada por el célebre tuxpeño, Jesús Reyes Heroles: en política la forma es fondo, aplica plena para el trato que las administraciones federal y de la CDMX dan a los manifestantes que intentan llegar al zócalo.
Aunque el pueblo bueno, sin duda podría sustituirla por aquella conseja que establece que: él que la hace no las tolera.
Como sea, las y los manifestantes están presentes y aunque se diga que no se vulneran sus libertades, ello no es del todo cierto.
Si hasta entre los perros hay clases, porque no habrían de existir entre manifestantes, pero sobretodo entre autoridades que antes como oposición asumieron un comportamiento similar al que hoy no toleran.

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