POLÍTICA DE FONDO

Por Alex Villegas…

Del planteamiento de avalar la producción y consumo de derivados de la marihuana con fines médicos, a buscar que se constituya una empresa que controle -cual vulgar monopolio- la comercialización del estupefaciente, en el plano nacional, que se traduciría de facto en la creación en México de un narcoestado, hay una enorme distancia.
En principio, el planteamiento impulsado por el ciudadano coordinador de los diputados de Morena, Mario Delgado, requiere revisarse a detalle, toda vez que representa un giro total al planteamiento inicial, que, en su momento, habría impulsado desde el Senado, la hoy ciudadana secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero.
No vaya a ser que ahora salga con que la idea surgió el parlamento abierto o los foros sociales, como una legítima demanda ciudadana.
En tanto que, en paralelo, en lo inmediato resulta imprescindible que el ciudadano presidente fije postura en torno al tema, toda vez que el avance en la materia, depende en gran medida de su aval, que de darse podría colocarlo en el ojo del huracán no sólo a nivel nacional, sino internacional.
De concretarse la medida, sin duda, México estaría incursionando en un campo en donde hasta donde se tiene conocimiento ningún otro gobierno ha intervenido hasta ese nivel.
Por otra parte, hay que considerar que el crimen organizado, en concreto los grupos dedicados al cultivo y tráfico del enervante, verán afectados sus intereses, por más que se insista en que por el momento otras drogas como la cocaína y el crack, les son más redituables.
De entrada, como mero referente, hay que recordar aquel señalamiento que en su momento se atribuyó a Rafael Caro Quintero, tras ser capturado en la década de los 90, en el sentido de que si lo dejaban libre pagaba la deuda del país, lo que pone en relevancia el tamaño económico del mercado que estaría en juego.
Quien lo dijera, se busca que el gobierno más allá de tutelar el cultivo y uso de la marihuana y sus derivados con fines terapéuticos, se convierta en el gran y único comercializador.
Un narcoestado comercializador y monopólico en potencia.
Dos de octubre
A 51 años de distancia, con muy pocos sobrevivientes de aquellos acontecimientos la huella sigue vida en la sociedad mexicana.
Dos de octubre no se olvida, pero lo evidente es que la gran mayoría de quienes participan en la conmemoración desconocen el origen y desarrollo del movimiento.
Las consignas en demanda de justicia y el esclarecimiento de los hechos, con el surgimiento de la verdad histórica se mantienen vigentes, en tanto que la presente administración al igual que las anteriores, no dan visos de querer ir a fondo.
De personajes centrales de los hechos, como Luis Echeverría, nada o muy poco se habla. De tanto no querer que se olvide, la realidad es que es muy poco lo que se conoce de un movimiento estudiantil que marcó para siempre a la colectividad mexicana.
La consigna dos de octubre no se olvida, sigue viva, pero más como un arco reflejo que como una demanda social que puede fructificar en hechos concretos. Esa es la realidad.

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